domingo, 23 de noviembre de 2014

La mayor dicha...



Encontrar, que no buscar, a Aquel que te observó, que te estuvo esperando...

Aquel que no te permite convertirte únicamente en lo que Él desea y te desea tal como eres.


Poder ser Su placer, Su orgullo, Su dicha... entregarle tu dolor y tus lagrimas.

Convertirte en Sus deseos cumplidos, ser Su apoyo, Su descanso y también Su anhelo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Grita el Silencio






Grita en mi interior la ausencia de todo sonido, penetra en mis oídos una hermosa música que llena mi mente de acordes, de recuerdos, de momentos  y a su vez no logro más que oír el silencio, viajando a través de la bruma de mis sueños, los que me llevan cada noche hacia el lugar donde se encuentra el Único Dueño de mi alma, de mi ser, de mi vida.

viernes, 31 de octubre de 2014

Noche de Brujas



En esa ocasión la noche le pareció mucho más hermosa que las demás… el cielo se sumía en una profunda oscuridad en la que las lejanas estrellas se tornaban más brillantes y cercanas que nunca.

Hacía tres años ya de Su marcha y sin embargo Su amor permanecía en ella tan intenso como el primer día.

Todas las noches salía al jardín y elevaba su mirada al cielo, para contemplarlo, para ver las estrellas, para contarlas… con Él.

domingo, 5 de octubre de 2014

Dulces Sueños



Arde mi piel al oír Sus pasos aproximándose, mi cuerpo se torna en una inexistente orden que le obliga a postrarse, casi involuntariamente, sin ser consciente de cada movimiento.

Al contacto con el frío suelo puedo sentir como mi piel se eriza, se estremece,  todos mis músculos se tensan, y únicamente puedo notar el cada vez más rápido latir de mi corazón, la ansiedad que me embarga, la dulce espera, el momento más deseado.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Sumisión






No es una decisión, ni siquiera una elección, es un sentimiento tan profundo que te desgarra desde el interior de tu alma para jamás volver a ser lo que antes fuiste.

Has dejado de ser esa persona que eras, para sentir que tu cuerpo, tu mente, tu alma… no van a pertenecer a nadie más que a Él, pues ni siquiera a ti te pertenecen.

Sientes que eres Suya, desde lo más profundo de tu ser hasta el último de los poros de tu piel.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Vera




Carta a mi primer Amo:


Fuiste mi primer Amo, aquel que nunca lo fue, ese al que amé desde muchos años antes de ser sumisa...


Mi ángel se llevó con él lo poco que quedaba de mi amor por ti.

viernes, 22 de agosto de 2014

Lagrimas de un Sueño




Arrodillada frente a la puerta, espero. Desnudo mi cuerpo y repleta el alma de sentimientos, de dicha, de ansiedad, de necesidad, de entrega, de amor, de calma, la espera se hace larga y a la vez me serena.

La puerta se abre y siento el enorme deseo de ver Sus ojos, de ver su brillo, reflejarme en ellos, puedo sentir el latido de Su corazón, sé que me siente, y de repente sé lo que debo hacer… bajo la mirada al suelo y espero.

lunes, 4 de agosto de 2014

Limpiar el Trastero




Hay momentos en los que se acumulan “los trastos” y no tienes más remedio que hacer limpieza.

Como si de un trastero se tratara, tu vida empieza a tener estorbos por medio… todo aquello que con el tiempo has ido acumulando y que de algún modo no te permite el paso, no te deja seguir adelante.

lunes, 28 de julio de 2014

Vela





Veo su fulgurante luz agitarse ante la menor brizna de aire en la habitación, ante el menor movimiento.

Absorta en su intenso brillo sus movimientos ondulados me hacen regresar la vista sobre mi propio cuerpo, desnudo, resplandeciente ante la tenue luz que a mi lado brilla y sobre mi piel se refleja.

Su incesante centelleo aumenta mi impaciencia y en mi soledad cierro los ojos, busco de nuevo la calma.

lunes, 14 de julio de 2014

EL PLACER



Ocultas en mis tinieblas mis fantasías,  hábilmente descubrirá Aquel que deba ser Dueño de mi alma, otorgándome el placer más absoluto que no será otro que rendir el Suyo sin objeción ni demora y entregar mi ser.

Ansío entregarle las llamas del lujurioso placer que enrojece mi alma, pues solo sus manos serán las más  firmes, resistentes al calor que emana, capaces de poder sostenerla.

Su deseo será mi único anhelo, mi cuerpo sutilmente acariciado por Él se tornará bello, mi alma resplandecerá solo para Él, y en mi mente habrá un único pensamiento… complacerlo.

viernes, 4 de julio de 2014

Un Amo, un Dios




No deseo pertenecer a un Dios, sino a alguien que me toque, me sienta, me ame.

Alguien a quien Idolatrar con motivos y no con fe, con confianza y entrega, a quien mostrar mi adoración con caricias compartidas, con susurros,  con anhelos, ofreciendo mi pasión, mi ser, sintiendo que entre sus manos soy yo la inmortal, la que es capaz de tocar el cielo con las manos por Él.

Que valore mis pecados, no mis penitencias, que me acompañe en mis fantasías, que provoque y guie mi placer, que lo haga Suyo, que bese mis imperfecciones y muestre con humildad las de Él, que realce la belleza de mi alma y con Su luz prenda la mía.

A quien mostrar mi entrega y mi amor por Él con hechos, no con rezos ni palabras.

Que comparta y escuche mis pensamientos, no los coarte, que discipline mis acciones únicamente en el camino del placer, que sometiéndome me haga libre, que me humille para elevarme, para ser su orgullo, digna de permanecer a sus pies, expuesta únicamente a sus deseos, mostrando con actos que es merecedor de mi sumisión.

Que castigue mi cuerpo y me haga sentir el orgullo de la piel marcada, mi dolor por Él, el placer de ambos. Que me convierta en su particular sacrificio, ofrecida en ese altar que es mi entrega.

Aquel al que pueda tocar, besar, sentir, que con sus dedos borre mis lágrimas, que provoque mi sonrisa, que reciba todo mi ser, sin temor a mi sentir, que me muestre el camino del placer a través del dolor, junto a Él, de Su mano, que tras ofrecerme en la más absoluta lujuria me recoja entre sus brazos meciéndome, temblorosa tras el placer.

Aquel a quien sus imperfecciones, sus dudas, temores, errores, lo tornen cercano y  a mis ojos más hermoso y mas real.

No…  yo no deseo un Dios.


No necesito a nadie subido a un pedestal sino a aquel que a mi lado, mientras siente el calor de mi piel desnuda, a lo lejos lo contemple vacío y sonría, sabiendo que los dioses no existen y de existir nos tendrían envidia, pues es nuestra imperfección y mortalidad, nuestra breve existencia, la que hace que vivamos más intensamente haciéndonos únicos y especiales.




vera





sábado, 28 de junio de 2014

Una sumisa con perro



Te despierta cada mañana, con la mirada expectante y el hocico brillante, con traviesa ternura, esperando impaciente a que acabes de abrir los ojos al nuevo día que para él ya es simplemente maravilloso sólo por el hecho de despertar y que estés ahí.

Esos ojos profundos, brillantes, esa a veces exasperante alegría permanente y esa excitación al sentirse cerca de su Amo.

Entrega absoluta, amor incondicional, fidelidad perpetua, sin barreras, sin límites, sin preguntas, sin necesidad de palabras, siquiera con alguna leve mirada.

Atento al menor movimiento, a la más mínima señal de su Amo, ansiando ser reclamado para ofrecer o recibir algún mimo, con el único deseo de complacer.

Jadeos de sentimiento profundo, de necesidad de una caricia, de un pequeño gesto, de un indicio de cariño, de atención ... la espera ... y una total y absoluta pena, culpabilidad, inseguridad, ante la menor muestra de desdén.

Sumido en la pena y en la incipiente espera al verte partir, vive por ti y moriría por ti, dando todo y esperando únicamente el más mínimo sentimiento o muestra de amor de su Amo hacia él.

El sentimiento más sincero y agradecido de unos ojos entreabiertos que bajo la más sutil de tus caricias te observan con ilimitada adoración.

Como no sentirse afortunada y agradecida al ser objeto de tan bellos sentimientos, cuando tu misma los has sentido y sufrido en tu interior...?


vera.



miércoles, 4 de junio de 2014

Esperando...



… esperando… que no buscando.

Esperando que sea el momento, el lugar… esperando a Aquel que será mi Dueño, al que ofreceré mi sentir, mi entrega y la luz de mi alma … el que me hará eclosionar de nuevo, realzará mi máxima expresión, me permitirá sentir… volveré a ser todo aquello que anhelo, de Su mano.

En mi oscuridad puedo sentir su presencia, que no es otra ahora que la mía propia, el calor de mi fuego interior anhelándolo, el tacto de mis manos acariciando mi cuerpo,  sintiendo que podría únicamente habitar bajo mi piel, y no existir.

Solo la firme presión de una cuerda acompaña mis noches,  su sutil suavidad me trae el permanente recuerdo de que jamás de ese modo se han cernido unas manos sobre mí, a pesar de la sensación de haberlas sentido.
Las manos firmes de Aquel que un día me encuentre, de Aquel que me sienta,  del que será mi Señor y mi Amo.

Esperando… esperando sentir el placer concedido, el sufrimiento deseado,  el dolor asestado  por otras manos, esas manos que hoy no son otras que las mías propias.

Esperando a Aquel que regale susurros a mis oídos, me ordene con sus miradas, que se deleite con mis gritos y sea capaz de oír mis silencios.

El que me discipline, el que me torne su perrita obediente, que me haga notar un leve tirón de mi correa antes de errar, el que me halague con sus premios y  me honre con sus castigos.

Aquel que desde su altura sepa ver la belleza de mi alma a sus pies, saborear mi sentir sin temer ser cegado por el brillo de mi luz, estallando en sentimientos dirigidos, compartidos, Aquel que tome mi entrega y mi sentir, Aquel que me haga Suya.

Esperando… esperando ver la luz de nuevo en mi camino, esa que me ilumine con fuerza y me regale su calor, que me haga disfrutar del paisaje a mi alrededor, que me permita seguir sus pasos, me acompañe y me inste a seguir caminando, sin sufrir, sin pensar, sin preocuparme que camino tomar ni  cuál será mi derrota.

La dulce espera de aquella que se siente sumisa, ofrecida, entregada…. únicamente a su sentir.





vera








domingo, 25 de mayo de 2014

Una Sonrisa




Aquel que sin conocerte es capaz de ver la tristeza en ti, aquella que a pesar de tu absoluta transparencia intentas que siga oculta, Él que puede ver  también la tenue luz que en tu interior se esconde, tras tu tristeza.

Aquel que desde la lejanía te contempla y es capaz de vislumbrar todo lo que aquellos que se acercan no son capaces de ver. Y sin embargo permanece ahí, en calma, tras la intensidad de las olas, copado por ellas.

Aquel que se toma la consentida libertad de levantar tu mentón para que puedas ver el universo que te rodea, un universo que tus ojos no logran ver, empañados por esas lagrimas que con sinceras palabras seca y así, de ese modo,  hace de nuevo brillar tu luz.

Sin pedir nada a cambio, sin esperar nada… y de esperarlo… ¿Qué importa?

 Si solo desea verte resplandecer y no teme que la intensidad de tu luz lo ciegue… bien merece el privilegio de esperar cualquier cosa que desee sin ser juzgado más que por lo que sin duda es, todo un Caballero y un Señor.

Aquel que abre tus ojos para mostrarte la verdad, y que te hace ver en ti todo aquello que tu confusión nubla. Aquello que por temer al dolor eres incapaz de ver. Lo que niegas.

Aquel que con la verdad te sume en una total y absoluta pena, y a su vez es capaz de rescatarte de lo más profundo de ti, de tu dolor y  sacarte de nuevo a flote acompañada de tu risa.

Aquel con la humildad de no precisar mostrar sus virtudes y a su vez  dispuesto a mostrarse claro como el agua sin pretensión de ocultar sus carencias.

Aquel por quien aquella sumisa digna de esperar su regreso, no podría más que tejer ese manto permanentemente inconcluso, no solo por diez años sino por el resto de sus días.


Él, que te muestra el cielo y te regala una estrella, que sopla las nubes para ti, para que de nuevo puedas ver el Sol, que es capaz de ver tu luz brillar en la oscuridad, es único y absoluto merecedor cuanto menos de tu sonrisa.





vera







miércoles, 21 de mayo de 2014

Una Leyenda inventada...


Anna Dittmann


De la mano de su Amo iba dirigida, no sabía a dónde ni porque, sin embargo tampoco le importaba, estaba donde debía, en el único lugar donde deseaba estar…. Junto a Él.

De repente Este se detuvo frente a un enorme cerezo en flor agitado por el viento, del que flotaban en el aire pequeños pétalos cual copos de blanca nieve. Ella miraba a su alrededor, tan  admirada por el hermoso espectáculo  que ni siquiera se dio cuenta que tras una breve orden de su Señor lo estaba obedeciendo, desabrochó su vestido para quedar totalmente desnuda frente a Él.

Y tras su orden, mirando a sus ojos, su Amo le comenzó a relatar…

Dicen que este hermoso árbol fue un día una sumisa, no de gran belleza, pero si con una gran capacidad de entrega y un inmenso sentir. Por ese sentir perduró, sin embargo esa a su vez  fue su condena.

Su sentir se fue convirtiendo en pequeños brotes y ramificaciones alimentadas con sus propias lágrimas. Sabía que un día podría eclosionar, no sin embargo cuantas lágrimas precisaría para hacerlo.

Aquellos que la poseyeron de un modo u otro la hicieron crecer, aunque  siempre llegaba un día en que su sentir crecía, brotaba de tal forma que se les escapaba de las manos…  les faltó el deseo o la capacidad de mantenerla ahí, junto a ellos, dejaban de sostenerla,  de nuevo volvían a posar sus brotes en la tierra.

Nunca nadie más recogió su sentir, se limitaban a pasar por su lado admirando la belleza de sus flores, y un día llegó en que sus raíces estaban tan arraigadas a la tierra que ya nadie pudo arrancarla sin herirla.

Y así permaneció, como cerezo en flor, admirado en ocasiones por sus bellos brotes que ahí, desde su interior siguieron creciendo, su dolor hizo brotar sus ramas y la luz del sol y sus ganas de vivir la hicieron permanecer”.


En ese hermoso lugar, tras el relato de su Señor,  de sus ojos comenzaron a brotar lagrimas, que dulces en lugar de saladas desaparecían entre sus labios y en el mismo momento en que Él tomó su mano, supo lo que debía hacer.

La acompañó sujetando su mano hasta que estuvo a sus pies, postrada y mirando fijamente a los ojos de su Dueño. Con mano firme y con suma delicadeza secó sus lágrimas, alzó con sus dedos suaves su mentón y la besó.

Ella humildemente bajó su mirada y retiró su cabello sintiéndose inmensamente afortunada de poder florecer junto  a su Amo y  Éste posó en su cuello un collar con su nombre. Tras él una bonita leyenda…  “De entre las flores silvestres, la más bella, la Mía.”



Dedicado a una linda flor, Gracias por tu regalo.



vera








sábado, 17 de mayo de 2014

ESCRIBIR




Acostumbro a plasmar parte de lo que siento en mis escritos, sin embargo no suelo escribir demasiado sobre lo que soy.

No soy una sumisa con gran experiencia, más bien a penas ninguna, ni siquiera tengo Amo por lo que a mi parecer seria mas propio llamarme solo vera…  lo único que tengo y que solamente  a mí me pertenece es mi sentir.

Plasmo esas palabras que a muchas neófitas como yo les suelen llamar la atención, pero creo que el motivo principal por el que se fijan en mí es porque sienten lo mismo, solo que yo… lo escribo.

También hay algunos Dom que pueden pensar que detrás de tanto sentimiento se esconde una buena sumisa o alguien fácil de manejar… en mi humilde opinión, creo que eso de la buena sumisa no existe, solo aquella que debe ser para Uno es la buena ( Y viceversa… pues lo mismo ocurre con los Dom).

Vivo de la forma más intensa que me puedo permitir (como todo el mundo), y siento intentando que esos sentimientos no me duelan demasiado… lo que un “Amo” suele encontrar en sus manos en estos casos, son un montón de intensos sentimientos descontrolados sin saber bien qué hacer con ellos.

Esa es la principal razón por la que escribo. No hay gran mérito en eso, no soy experta de nada porque tenga la necesidad de plasmar lo que siento, y la única razón por la que lo hago es para desprenderme de aquello que en mi interior duele demasiado para dejarlo permanecer ahí.

Tengo los mismos miedos, las mismas dudas e inquietudes que las demás, incluso puede que más… y no soy mejor ni más valiente por mostrarlas, más bien todo lo contrario.

Sin embargo lo que escribo no es todo lo que siento, ni mucho menos todo lo que soy, solo son fragmentos de mis pocas experiencias, de mis deseos, de mis anhelos y de mi modo de comprender lo que vivo y siento.

He de decir que la mayor parte de mis escritos es, más que aquello que vivo, lo que desearía sentir.

A todos aquellos que me leen, gracias por emplear su tiempo en hacerlo… solo decirles que también tengo mis páginas en blanco y mis silencios, y que además de textos escritos hay una persona con la que poder conversar y compartir.

Pueden hablar conmigo y conocerán a vera, sin más. Algun@s ya lo hacen…

Y a aquellos que nunca han hablado conmigo, que desconocen a la vera que tiene voz además de escribir, aquellos que solo les llama la atención lo que ven, que juzgan solo lo que leen en mis escritos, sin siquiera comprender que cada persona con más o menos empatía siente a su modo y que los sentimientos escritos no siempre tienen por qué ser dirigidos del modo en que los comprende aquel que los está leyendo… solo decirles que no se molesten, que sigan leyendo.





vera












jueves, 15 de mayo de 2014

SEÑOR




Aquel que vio mis primeros pasos cuando me creía invisible, cuando empecé a caminar, el que me tendió su mano y alzó mi mirada para que fuera capaz de volver a hacerlo tras caer al tropezar.

Con el mismo peso en mi interior, el de mi sentir, consciente, sincera e imperfecta, pero sobretodo llena de agradecimiento, se despide esta  sumisa...  aunque con un simple hasta luego. Su luz dejó de brillar en mí, para seguir brillando a lo lejos, para permanecer ahí donde siempre pueda verlo, en el lugar donde siempre estuvo…

Sujetó mi mano mientras de nuevo me atrevía a trepar a la bella aunque vertiginosa altura de mis tacones y a su vez acompañó mi paso para que fuera seguro y firme.

Me mostró el dolor, el placer, de mis propias manos que eran las suyas, recorriendo mi cuerpo, conociéndolo, valorándolo, me enseñó que podía cruzar barreras, me ordenó ceñir cuerdas a mi cuerpo con la única intención de hacerme libre.

Él, que no solo me iluminó y me enseñó el camino, me acompañó por él mostrándome la belleza de todo aquello que podía ver alrededor, sin dejar de andar, sin modificar el ritmo de mi paso.

En lugar de cohibir o canalizar mi explosión de sentimientos incontrolados simplemente me mostró el modo de ver en ellos la belleza, del mismo modo en que se aprecian los fuegos de artificio, dejándolos brillar en el infinito, entre las estrellas, me enseñó a mantener los ojos abiertos, para ver su destello brillar en ellos, desde una zona segura, desde la calma.

Me permitió vivir, sentir, alentándome, disipando mi temor, reafirmando mi esencia, valorando mi entrega, me preparó para el que un día será mi Amo, sin embargo no me dejó en sus manos, me dejó las mías propias, unas manos que ahora no tiemblan ante la duda, aquellas en las que Él confió para esta vez ser capaz de elegir mejor.

Me regaló un destello de luz para prender la mía propia, ya no brilla en mí su luz pero ese destello permanecerá en mi interior para siempre, en mi alma.

El que me hizo crecer mostrándome el modo de seguir creciendo, aquel que no fue ni pretendió ser mi Amo, mi Dueño… humilde aunque consciente del trato que merece, de lo que sin duda alguna es… Todo un Señor.

Mil Gracias.




vera.





domingo, 11 de mayo de 2014

Presencia






Cuando no eres capaz de describir lo que sientes, cuando es algo más intenso que el dolor o que el placer, cuando crees que serias capaz de hacer cualquier cosa que te ordenase sin pensar, sin poder comprender,  solo puedes explicarlo como algo tan simple como sentir su absoluta y permanente Presencia.

Crece en tu interior una sensación de necesidad, de entrega, te envuelve y a la vez te atraviesa de tal forma que tu respiración tan pronto se acelera como se puede parar en cuestión de segundos, del mismo modo que tu corazón.

Puedes sentir la nostalgia de la lejanía, incluso hasta el punto de ver brotar de tus ojos unas lagrimas sin sentido y en cuestión de segundos sonreír, sentir su tacto, su calor, penetrando en ti haciéndote sentir dichosa, plena pues ya no es el suelo el que te sostiene, flotas en el aire sabiéndote segura, eres consciente de que no te vas a perder, que es Él quien te sujeta.

Lo sientes, en tu interior, observándote a cada segundo, rozando tú piel en cualquier momento y en cualquier lugar, puedes oír su voz sin tenerle cerca, su palpitar y su respiración acompasada con la tuya, aunque sepas que no está aquí, que varios kilómetros os separan y sin embargo puede sufrir tu dolor, vibrar con tu placer y compartir tu sentir.

El día se torna corto y la noche larga, deseando poder dormir y embargarte en ese profundo sueño en el que cada noche vuelve a ti, a posar sus ojos sobre tu cuerpo, sus manos sobre tu piel desnuda, postrada a sus pies, dichosa, cumpliendo sus ordenes, recibiendo el dolor de un castigo que solo sientes como tal en el momento en que despiertas, en ese momento en que dejas de sentirlo.

Entonces descubres que no son las cuerdas las que te atan, las que marcan tu piel, ni la cera la que hace sentir que de repente y en cualquier momento puedes empezar a arder, tampoco ese dolor que sientes al torturarte por una simple orden el que te da el placer de sentir su cercanía, ni sus palabras las te hacen sentir que te cuida o tu imaginación lo que te sostiene, lo que de repente te lleva a otro lugar, al único sitio en el que deseas estar,  a su lado.


Es solo… Su Presencia.



vera.








sábado, 3 de mayo de 2014

En Sus Manos...



… sientes que eres capaz de todo, de cualquier cosa que Él pueda ordenarte.

Tu imperfecto cuerpo toma forma bajo el poder de sus cuerdas, con su presión, con la resistencia de tu piel que sientes marcada, se torna perfecto,  hermoso lienzo en donde plasma aquello que crea en ti, eso que será tu historia, o parte de ella.
Feliz cual marioneta en manos de su Dueño, ese que tan hábilmente la maneja, en ese instante  en que le concede el honor del movimiento, de la libertad, de poder revivir de nuevo entre sus cuerdas, cuidadoso en todo momento de no  soltarla para que no se encuentre de pronto siendo un montón de trozos de madera inanimada, sin vida, sobre el suelo.
Puedes sentir el placer de su tirantez al inspirar, sintiendo cada tramo de cuerda, cada nudo, presionando tu piel y el anhelo al sentir que de ti se desprende al exhalar y aflojar esa presión.

Rozas con tus dedos cada pedazo de cuerda sobre ti, cada parte de tu piel desnuda, tu humedad empapando ese tramo de cuerda y puedes sentir la excitación que por momentos te embarga, colmando todo tu ser de esa sensación, tu palpitar se acelera hasta el punto que no eres capaz de oír nada mas, de sentir otra cosa que no sea a Él dentro de ti y explotas en un cúmulo de sensaciones y de placer.

Te alojas  en profundo sueño sintiéndote arropada, protegida bajo su manto, sintiéndolo sobre tu piel y también bajo ella, en tu interior.

La tenue luz del amanecer cubre tu cuerpo y sientes su cálida sensación, de pronto despiertas y experimentas ese leve temor de tener que desprenderte de ese intenso sentir, de esa dulce sensación.

A medida que vas deshaciendo las ataduras, notas poco a poco que ese sentir no te abandona, pero te deja huérfana, desnuda, falta de ese poder sobre ti, ese que necesitas y anhelas más que cualquier otra cosa.


Ese desamparo se desvanece al posar de nuevo tus manos sobre tu piel, esas que no son tuyas pues ya no es a ti a quien pertenecen, a quien obedecen, le pertenecen a Él y puedes de nuevo sentirlo en ti, en lo más profundo de tu interior.




vera.






jueves, 1 de mayo de 2014

Un Trozo de Cuerda


Siento la humedad en mi interior, en mis muslos, puedo oír mi palpitar acelerarse por momentos. Tras reparar en la inmovilidad de mis piernas,  inmediatamente siento la inherente necesidad de elevar mi culo y postrarme, ofrecida, entregada, atada.

La sensación de las sabanas sobre mi piel me pesa, abro los ojos con lentitud, acomodándolos a la luz del amanecer, explota en mi interior un cúmulo de sensaciones, de sentimientos, de  emociones y a mi alrededor solo puedo oír el silencio, la calma.

Busco en los rincones de mi mente, intentando recordar, persiguiendo aunque sea un resquicio de mi sueño, algo que pueda explicar el porqué de esa sensación, y doy de nuevo con el recuerdo de su desconocido tacto, una ilusión creada en mi mente, que me lleva a sentirme protegida, bajo su manto, entre sus brazos.

Recobro de nuevo la conciencia y deshago las cuerdas que han acompañado mi húmedo y desconocido sueño.

Observo los surcos que permanecen en mi piel, los acaricio con mis dedos, lentamente, absorta en mis pensamientos y en ese otro sueño que se repite una y otra vez, como un recuerdo que se niega a abandonar mi mente, como un permanente susurro, sin embargo éste, no logro recordarlo.

Acaricio esa parte de mi piel marcada, moldeada, puedo ver en ella el resplandor de la luz, la sombra de mis dedos al pasar sobre esas marcas, acariciándolas… y puedo sentirlo.

Sigo acariciándome, despacio, hasta llegar a mi entrepierna, abro mis muslos y me ofrezco a esa inexistente persona que observa frente a mi cama, frente a mí, rozándome suavemente, inspiro con fuerza mientras impregno mis dedos de mi humedad, de mi esencia.

Cierro los ojos y siento el calor de mi piel en la palma de mis manos mientras subo hacia mi pecho, acaricio mis pezones, sigo respirando con lentitud, llevo mis manos por todo mi cuerpo hasta llegar a mis labios, hasta sentir en mi boca mi esencia, mi sabor.


Muevo mis piernas levemente enredadas aun por aquello que las apresaba hace un momento, esperando cumplir sus órdenes, anhelando realizar sus deseos, aquello que ha dejado en mi piel su rastro, su marca, lo que ha hecho que me embargara una explosión de sensaciones, de recuerdos que en realidad no lo son pues nunca ocurrieron, de sentimientos, de emociones, aquello que me ha acompañado en la noche haciéndome soñar, sentir, y sin embargo bajo la luz del amanecer, ya sujeto entre mis manos recupera su sencillez, ese objeto que tanto me ha hecho sentir, no es más que un trozo de cuerda.




vera






viernes, 25 de abril de 2014

Su Obra

Esplendor de una mujer sumisa
Maria Dolores Fernandez



Tras arder todo aquello que era mi vida, surgió entre la devastación un brote nuevo y fresco aunque muy consciente de la ceniza que cubría su alrededor.

La agradable lluvia descubrió en mí un sentimiento y quise empaparme de conocimiento y experiencias que me colmaran y me hicieran sentir plena.
Demasiadas gotas para recibirlas todas... Se tornaron en dudas, en dolor y confusión. 

Entonces desde mi oscuridad divisé la luz de aquel que siempre estuvo allí, en mi renacer, sin pretensiones ni intereses ocultos, cuidando de su rebaño, desde la lejanía, dejando a los nuevos brotes crecer en la rica tierra de su campo.

Me vio nacer, empezar a crecer, sufrir... y tras eso, me concedió el honor de tomar mi madera para tallarla y con ella hacer arte, ese arte que a su termino cederá a quien sea capaz de valorar y cuidar con el mismo tacto que el de sus propias manos.

Y llegado el momento... Como amar profundamente a dos seres con un solo corazón? Con la misma esencia, con la misma entrega...

La respuesta está en mi alma, en mi elección, en esa decisión que al tomarla partió para siempre mi corazón en dos.

Bajo su manto creceré, esa explosión de sentimientos se tornaran en uno solo, un sentimiento inevitablemente dirigido hacia Él, pero también por Él que será quien me sitúe en la dirección correcta. Y en ese camino por el que me guíe, hallaré un día a aquel al que amaré sinceramente y ofreceré mi entrega, aquel que será mi Dueño.

A pesar de eso, parte de esos sentimientos se quedaran con Él para siempre, con aquel a quien ahora entrego mi alma para tallarla y de ese modo crear arte con todo esto que siento, con lo que mi interior alberga.

Un día me entregaré en cuerpo y alma al que será mi Amo, mi Dueño, sin embargo Él siempre será mi Señor, el que me trajo la calma, el que me vio resplandecer con mi propia luz, por esa razón, eternamente agradecida, siento que de algún modo siempre seré Suya... Su obra.



vera





sábado, 19 de abril de 2014

LUZ






De pronto, hallas esa luz en el camino, aquella que brilla fuertemente y que ilumina la dirección donde debes ir, aquella a la que sigues sin demora, con la mirada fija en ella, a la que deseas llegar pues sabes que bajo ella puedes resplandecer.

Te ordena, te dirige, te guía, te muestra el camino por donde debes andar y sigues caminando, sigues dirigiendo tus sentimientos, tus dudas, tus temores, tus anhelos, todo lo que hay en tu interior hacia el lugar que la luz te ordena.

Inicias con paso lento, te sientes enormemente agradecida, te honra que brille para ti, que te permita permanecer bajo su esplendor pero aun así, en tu desnudez, sientes ese pudor, esa sencilla timidez que te bloquea, puedes caminar tras ella, pero tus ojos y tu piel deben acostumbrarse a su brillo.

Sientes que poco a poco la calma te embarga, te sientes tranquila, feliz, dejas atrás toda la oscuridad que te rodea y te muestras bajo ella desnuda, para poder sentir su calor sobre tu piel, para permitir que te haga brillar.


Tu cuerpo reacciona a su calor, y piensas si es posible, si esa permanente excitación cesará en algún momento, si lentamente se irá introduciendo en ti, por todos los poros de tu piel, hacia el interior, hasta el momento en que logre hacer brillar tu alma.




vera.






jueves, 17 de abril de 2014

Sentir




Pensaba que tras el dolor, había llegado el momento de buscar la calma, de reflexionar, pero siento mi alma con fuerza ardiendo en mi interior y me niego. Me niego a rendirme, me niego a esa mórbida calma, me niego a sólo reflexionar, a pensar  en palabras vacías o sentimientos que no sé hacia donde dirigir, me niego a dejar de sentir.


Pasó para mi ese momento de reflexión, que en lugar de traerme la paz y apoyarme en la espera, sólo me trajo angustia y vacío.

Llegó el momento de sentir, de tocar el cielo con las manos o de sumirme en el mismísimo infierno, de sentir amor, felicidad, placer, paz o dolor, ese dolor en lo mas profundo del alma que te hace morir al instante y a su vez te demuestra que estas vivo.


Deseo sentirme plena, saciada, llena de inspiración, poder vaciar en mis manos lo que brota en mi interior, deseo sentir la vida en mí y deseo entregársela a El, entregarle cada brote, cada instante, pues ese es mi privilegio y mi decisión, así como suyo es aceptarme.


Anhelo sentir ese sueño imposible de verme postrada a sus pies, entregada, sometida, consagrandome al mayor de los placeres que no es otro sino el de sentirme en sus manos, fuerte, invulnerable, Suya. 


Anhelo tener el honor de sus castigos sobre mi piel y su huella en mi alma, que me haga el amor, que sea ese susurro en mi oído que me dirija, esa voz que mi cuerpo reconozca como la de su único dueño, que provoque en mí gritos de placer, de dolor, que elija ser aquel que en la lejanía, ocupe ese lugar especial en mí, en todo mi cuerpo, que sea aquel que bajo mi piel habite.


Elijo vivir en el otro lado de mi balanza, en el de la ansiedad y el deseo, mucho ha sido ya el tiempo en el que me he sentido hastiada, vacía, forzosamente satisfecha con sólo unas migajas de cariño, creyendo tener todo aquello que podía esperar o desear. Así que a pesar de las inclemencias de la vida, del despecho, de la ansiedad o del dolor, a pesar de todo ello elijo seguir caminando, elijo sentir.



vera.










martes, 15 de abril de 2014

Reflejo




Me veo en ti como puedo ver mi reflejo en un lago de agua clara y cristalina. Con esa fuerza y a su vez esa ternura que solo es capaz de mostrarte alguien que es real.

Abro mi corazón y te muestro lo que hay en su interior. Mis infinitas dudas, mis grandes temores, mis profundos anhelos, mis secretos deseos y al mirarte descubro que son los mismos que, al igual que yo, albergas en lo mas profundo, tan cerca del alma.

Porque tu estabas ahí, en mi despertar, con un fuerte hombro en el que apoyarse y una mochila repleta de buenos consejos que no eran mas que experiencias vividas, con tu permanente sonrisa y ese guiño de inocente maldad que te hace ser única y especial.

He reído, he llorado, he sentido he crecido, he brillado y me he desgarrado por dentro y a su vez, tu estabas ahí, sintiendo lo mismo que yo aunque fuera a un tiempo y de un modo distintos.

Sufro con tu pena y me hace sonreír tu felicidad, pues a pesar de la lejanía te has convertido en esa desconocida amiga a la que únicamente te unen esos pocos momentos en los que vives lejos de tu cotidiana realidad y  sin embargo sientes como si siempre hubiera estado ahí contigo.

Junto a tu fuerza, puedo ver en ti ese resplandor de quien alberga un alma sumisa, esa misma que siento en mi interior, esa que compartimos, pues con nuestras muchas semejanzas y nuestras pequeñas diferencias puedo ver en ti, en tu interior, mi propio reflejo.



vera.



domingo, 13 de abril de 2014

De Mazmorra




En la soledad de mi alcoba, sintiendo el calor del tenue brillo del amanecer sobre mi piel desnuda, abro mis ojos lentamente, aún bajo el influjo de un oscuro sueño. 

En el plácido arrullo de un dulce silencio, oigo gritar a mi alma, suplicando que aunque sólo fuera por un breve espacio de tiempo, deje de esgrimir su pluma, mi arma favorita en sus manos, para tomar aquellas que han de dejar en mi piel, marcas de infinito placer, la huella de su deleite y suave olor a cuero.



Lejos ya de ser presa del efecto de Morfeo, regreso de nuevo al mundo de los sueños, con los ojos abiertos, y la mente en aquel lejano lugar donde las posibilidades son infinitas y las fantasías reales.


Puedo sentir la presencia de quien alberga intensos anhelos, oscuras necesidades, aquel capaz de vislumbrarme floreciendo ante sus ojos, de inspirar mis mas bellas palabras, aquel que vive en el caos en el que estoy inmersa.


Me sorprendo palpando mi humedad y llevando los dedos a mis labios, saboreando el placer de sentirme alimentada, sostenida, dirigida, sometida, entregada a El, con las piernas levemente abiertas, en el suelo, totalmente postrada ante su inexorable presencia, suplicante a la espera de ese sufrimiento que haga elevar mi alma hasta cimas Infinitas.


Abandono el salón para sumirme en esa parte de mi yo más salvaje, para convertirme en ese ser que solamente puede ser sometido por quien es capaz de ver, ese ser que precisa ser domado, que lo anhela, ese que únicamente puede ser un animal de mazmorra.


Fluye en mi interior el calor que hace bullir mi esencia, sintiendo, casi oyendo el palpitar de su corazón, temerosa de que el mío explote a causa de la intensidad de mis sentimientos, a la espera de ese primer impacto, de ese placer, de ese dulce dolor que provoque contusiones en mi cuerpo para curar las heridas de mi alma.


Puedo saborear el despiadado gozo de su castigo recorriendo mi cuerpo, entregada a su voluntad, haciéndome sentir exuberante y llena de hermosura, dichosa de ser el objeto de sus más ingentes anhelos.


Estalla el placer en mi, un ahogado grito me hace despertar de pronto de esa intensa ensoñación y me devuelve a la serenidad y a la luz de mi estancia.


Me hallo exultante y sudorosa, sin aliento, por esa sensación de plenitud que acompaña a un delicioso momento y por el desconcierto de descubrir en mi interior la ansiada necesidad de aquel que con sus palabras me empuja a hacer arte con las mías.



vera.


















viernes, 11 de abril de 2014

Oscuridad



En la oscuridad de la noche me descubro recordando la belleza de sus palabras. Esas palabras suenan en mi mente y al cerrar los ojos y me llevan a una senda amplia y llena de luz, por la que sigo su sonido irremediablemente hacia una desconocida derrota.


Al plasmar mis sentimientos no puedo sino recordar esas frases, como una confesión, ver en mi pensamiento esa imagen y sentir el dolor de desprenderse de aquellas palabras que por temor, deben ser destruidas, esas que presiento de una belleza tal que no pueden más que albergar sus mas profundos sentimientos, aquellos que, grabados a fuego, permanecen ocultos en el alma.

Sonrío al pensar en la comparación de mi modo de unir las palabras con la esgrima, ese baile entre semejantes, esa lucha elegante y sutil entre caballeros que a la perfección podría en parte definirlo a El y sin embargo, dista mucho de la imagen que de mi misma albergo.

Pienso en la emoción de verme florecer ante unos ojos que me reconocen con mas claridad que los míos propios, los de aquel que a pesar de no haber vivido mi primer amanecer, siento sería capaz, mediante el indefinible gozo del sufrimiento y el placer, magnificado por la mas sincera e ineludible entrega, de hacerme brillar de nuevo, de un modo más luminoso y en absoluta plenitud.

Me entristece descubrir lo caprichoso y a la vez cruel del destino, poniendo al Dueño de tan hermosas palabras frente a mi, cual tentación, en un momento y ante una situación en la que el respeto no me permite dar un paso más allá, ni consentir que me embargue la esperanza de un futuro incierto en el que tener la más ínfima posibilidad de esperar deseara ser el Dueño y Señor de mis palabras también.

Sin embargo algo en mi interior me pide que permanezca, respetuosa y consciente, aunque sin poder evitar inspirarme del esplendor de sus palabras y de su persona. Necesitada de hallar aquello que en lugar de vaciarme me llene, vivo colmada de ese sentimiento, ese anhelo de plenitud que me hace seguir por este camino.

Y debo de decir, que no es la búsqueda de mis anhelos lo que por esa senda tan aciagamente sigo, sino la perfección en la composición de sus palabras, que más que seguirlo me llevan hacia El, pues ya no es la razón la que me guía, es el instinto y la necesidad de vislumbrar la luz de mi alma.


vera.






jueves, 10 de abril de 2014

Palabras





Sus palabras, mi Señor, aquellas que regresan del mas dulce de los sueños, acompañan mis noches en vela, surcando cada curva de mi cuerpo, adentrandose en mí hasta llegar a lo mas profundo de mi ser.

Palabras que al oírlas lograrán humedecer mi interior y someter mi lado mas salvaje así como harán temblar mi cuerpo al desvelar esos severos castigos que humildemente asumiré  con el fin de complacerle.

Palabras que guían mis dedos, mientras acarician las partes de mi cuerpo donde hallaran algún día las marcas de mi dolor, las mismas marcas que con orgullo luciré, en recuerdo de aquellos momentos en los que mis ojos responderán a todas sus preguntas y mis silencios gritaran de placer.

Palabras que espero formarán la hermosa leyenda que me acompañará, grabada en ese collar que un día he de merecer, así como también en mi alma. 

Palabras que en este momento más que oír imagino, así como su regia imagen, en mi mente, toma mi mano y me guía en mis momentos más oscuros, llevándome hacia ese lugar de mi interior en el que logro verme brillando como un nuevo amanecer.

Palabras que inspiran estas palabras que no son más que el reflejo de aquello que anhelo y existe sólo en mi imaginación.


vera.





sábado, 5 de abril de 2014

El Baño




Hacia un esplendido día soleado y tras dar un largo paseo decidí tomar un baño para relajarme y acabar bien el día.
Me encontraba dentro de la bañera, con la tenue luz de unas velas y música de fondo cuando lo sentí. Sabía que era imposible pero podía notar su presencia al otro lado de la puerta del baño.


La puerta empezó a abrirse, el corazón me palpitaba con fuerza, miré al frente y cerré los ojos, pese a no ver nada, pude sentir su sonrisa al ver mi esfuerzo por no volverme a mirar. Oí sus pasos dirigiéndose hacia mí, despacio, con esa tranquilidad que destaca en Él y que envidio. Sus palabras sonaron en mi oído de forma suave, como un susurro, su voz me envolvía de nuevo y mi cuerpo reaccionaba a ella del mismo modo que lo había hecho siempre, deshaciéndose por dentro sin poder evitarlo.


Me ordenó que pusiera la mano sobre mi clítoris y empezara a masturbarme sin abrir los ojos y después, que me sumergiera en el agua aguantando la respiración hasta que estuviera a punto de correrme.

Así lo hice, con la excitación que me provocaba su inesperada presencia y toda esa situación nueva y extraña, tardé poco en llegar al límite. Saqué la cabeza del agua, cogí aire con la fuerza que me pedía la necesidad de volver a respirar y en ese mismo instante sin poder contenerme, exploté en un orgasmo tan brutal que pude sentir su electricidad por todo mi cuerpo.

No pude evitar entonces abrir los ojos y mirarlo. Al ver la fuerza de sus ojos clavados en mi, sin el menor atisbo de reacción y sin mediar palabra alguna, no pude más que salir de la bañera, arrodillarme en el suelo, tomar su mano, inmóvil, besarla y postrarme ante Él aun mojada, con mi cara y las palmas de mis manos tocando el frío suelo.

Entonces, habló de nuevo, “vuélvete” me dijo. Con movimientos rápidos y algo torpes hice lo que me pedía, pensé que era su deseo tomarme en ese momento así que, postrada de espaldas a Él bajé la cabeza, levanté el trasero todo lo que pude y abrí las piernas ofreciéndome, esperando ansiosa alguna palabra o movimiento suyo que me dijera que debía hacer.

Pero no dijo nada, empecé a impacientarme y a temblar debido a la incomodidad de la postura y al frío del suelo ya que seguía mojada aun. Y de pronto empecé a notar algo, algo que no me gustaba. El olor y el calor de su orina resbalaba desde mi culo hacia mis piernas y mi espalda, no me lo podía creer, las lagrimas brotaban de mis ojos sin poder hacer nada al respecto, pero no hablé ni me moví.

 Lejos de lo que yo siempre había pensado, esa humillación empezó a excitarme, sentía odio y amor al mismo tiempo, sentía que estaba fuera de mí, observando esa escena desde fuera sin poder pensar, solo sentir.

Me ordenó que me levantara, me miró a los ojos y sin decir más, acarició mi mejilla con su pulgar, secando mis lágrimas. No me besó, pero pude notar su aliento y sus labios sobre los míos, mientras contemplaba inmóvil como se volvía y se desvanecía ante mis ojos.

Entonces lo comprendí. No era castigarme lo que pretendía con lo que había hecho sino demostrarme, a mí y a Él mismo, que siempre obedecería a sus deseos, siempre lo complacería y que pasara lo que pasara, a pesar de su ausencia, de no tenerle a mi lado, por más tiempo que estuviera sin saber de Él, yo siempre seguiría ahí, pues era absoluta e irrevocablemente Suya.



vera.