miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz Navidad!!




No hace mucho que escribo este blog, y no acostumbro a poner fotos mías, pero he pensado que es una buena ocasión para empezar a hacerlo.















Desafortunadamente debido a la distancia, paso las navidades lejos de mi Señor pero aun así, Él sigue muy presente en mis pensamientos, es por eso que he decidido hacerle este regalo y al mismo tiempo, aprovechar para felicitaros las fiestas a todos.








Mi regalo no es otro que algo que ya tenia, pero renovado.
Una Sumisa que intentará ser mas dulce y un poquito menos indómita....





Y por supuesto, estas imágenes para que no olvide que aun en la distancia, su perrita sigue siendo fiel a su Amo y lo echa de menos.










Así pues, solo me queda mandarle a mi Señor un Beso Enorme de su Sumisa que lo Adora y desearos a todos que paséis una Feliz Navidad!!








Vera_de_E.








jueves, 19 de diciembre de 2013

Con mi Dueño



Me sentía nerviosa, ansiosa como un cachorrito meneando el rabito a la espera de que jueguen con él. Me dedicaba a pulular alrededor de mi Amo, anhelante, esperando una mirada, una señal, una palabra…

Mi Señor en cambio se mostraba tranquilo, impasible observando de reojo mis movimientos y devolviéndome alguna sonrisa y algún beso que con tierna osadía me atrevía a darle.

La espera era por una razón, calmar mi ferviente y demasiado frecuente impaciencia…  Quería que me usara, ser suya de nuevo, que jugara conmigo, mas no me importaba que no lo hiciera, estaba con Él de nuevo, a su lado, sintiéndolo, tocándolo, era feliz solo con eso, solo con estar allí.

Tras mi llegada me había dado una sola orden, quedarme allí y esperar a mi Amo, una orden sencilla, una única orden para lo que iba a durar mi estancia con mi Señor, una orden que Él sabía que a la indómita que habitaba en mi iba a costarle obedecer todo el tiempo.

La espera, la dulce espera cuando se que voy a ser usada, y a su vez lo que más acrecienta mi anhelo e impaciencia.

Amanecí  feliz junto a mi Señor y me había usado el día antes tras mi llegada… pero necesitaba más, anhelaba complacerlo, entregarme a Él en cuerpo y alma como siempre, ser usada, tener la posibilidad de dar todo, de demostrarle cuanto lo adoro.

Se levantó y salió de la habitación, yo esperé, no podía hacer nada, ni pensar en nada mas, solo en mi Amo, necesitaba su presencia, sentirlo cerca de mí, empaparme de su ser hasta poder sentirlo en mi interior.

Cuando entró de nuevo, le sonreí, feliz por su regreso a pesar del poco tiempo que había durado su ausencia.Esta vez se mantuvo serio, y me instó a levantarme y arrodillarme ante Él.
Sin pensarlo así lo hice, tal como me había ordenado, con los pies y las manos cruzados y de espaldas a Él. Me dio un pequeño empujón y caí de bruces, soltando mis manos para amortiguar la caída hacia adelante, mi Señor quería mostrarme lo indefensa que estaría en esa posición.

Me ayudo a tumbarme en la cama y me tapó los ojos, mi cuerpo empezó a temblar y mi pulso a acelerarse, estaba nerviosa, anhelante y algo asustada porque sabía que iba a ir un poco más allá en esa ocasión.

Y así fue. Empezó a atarme los pies con cinta adhesiva, sin apretarme demasiado pero con firmeza, después me ató las manos y me preguntó si me apretaba mucho. Nunca antes me habían atado, empecé a hiperventilar y a ponerme cada vez más nerviosa, se acercó a mi oído y me susurró que me tranquilizara. Sentí su voz como un bálsamo, calmándome hasta el momento en que sentí que se alejaba.

De nuevo mi corazón empezó a latir con fuerza hasta que noté el primer zumbido seguido de un intenso dolor. No podía ver nada, ni saber que estaba utilizando para azotarme, solo podía sentir.

Recibí un golpe tras otro, cada vez con más intensidad, con más fuerza, hasta que de pronto  acabó y comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos. Soporté el dolor, ahogando mis gritos con la almohada, me sentía orgullosa de servir a mi Amo, de complacerlo, de que me deseara, lo adoraba, mis lágrimas eran por Él, pero no por el dolor que me infringía sino por sentirme suya, deseada, lloré porque lo amaba.

Aflojó un poco las ataduras de mis manos, me acarició la espalda y subió la mano por mi nuca hasta agarrarme del pelo, alzó un poco mi cabeza dirigiéndola hacia él y me besó. Nunca antes me sentí tan deseada, le pertenecía irrevocablemente.

Sin soltar mis ataduras ni quitarme la venda de los ojos, me dio la vuelta. Cortó las ataduras de mis pies y me ayudó a incorporarme, soltó mis manos también para después hacer que levantara los brazos hacia arriba. Rodeó mi torso con cinta adhesiva, aprisionando mis pezones con ella, luego hizo que me tumbara de nuevo, abrió mis piernas ordenándome que las mantuviera abiertas, noté sus caricias sobre mi piel sus dedos torturando mis pezones presionados por la cinta y de pronto, calor, un calor intenso, que goteaba sobre mí, la cera me quemaba pero me excitaba sobremanera, me retorcía  y me sentía cada vez mas mojada.

Quitó la cinta adhesiva de alrededor de mi torso y me abrazó. Junto a mi Señor, sintiéndolo, oyendo el latido de su corazón, con mis ojos todavía tapados lloré de nuevo. Mi cuerpo y mi Alma eran suyos y mis lágrimas también.

Me quitó el pañuelo que tapaba mis ojos, y mientras me empezaba a adaptar de nuevo a la luz, me dijo: lo has hecho muy bien. Me besó con ternura, me colocó en el centro de la cama y me folló.

Recibí a mi Amo en mi interior con tanta intensidad que mis gritos eran más fuertes incluso que al azotarme con fuerza. Estaba excitada, y exhausta a la vez, pero feliz de sentir a mi Amo dentro de mí, colmándome, haciéndome sentir deseada, tomándome mientras aun sentía el palpitar de sus azotes en mi culo, el dolor, las marcas de la cera, la presión de las ataduras en mis manos…

Sentí un orgasmo tras otro sin ser siquiera consciente de cuantos tuve antes de sentir a mi Señor derramarse dentro de mí, dándome todo su placer.


Con todo el dolor de mi corazón llegó el momento de separarme de nuevo de mi Amo e iniciar el viaje de regreso

Sin duda fueron unos días dulces e intensos, de los que aun ahora perdura en mi piel el recuerdo de mi Amo, el de sus azotes en mi culo y una pequeña marca de cera con forma de flor que acaricio todos los días recordando mi excitación y el calor de la cera,  así como también el calor de mi Amo. Su olor, sus caricias, la sensación de estar protegida entre sus brazos, de querer permanecer allí, para siempre, con mi Dueño.



vera_de_E.




lunes, 16 de diciembre de 2013

VIAJE


Tras larga espera y ya con muchísimas ganas de reencontrarme con mi Amo, inicié mi viaje. 

Podía ver el color de las hojas de los arboles, con sus tonos amarillos y marrones, colores cálidos que contrastaban en gran medida con la temperatura fría de la calle. 

Con el sol de cara, no notaba el frío, ni el calor tampoco, no sentía nada, solo la sensación de paz que me produce el sonido del motor del coche cuando sé que me esperan varios kilómetros por delante.

Cuando empezó a oscurecer, en mi interior podía notar cada vez más anhelante el deseo de llegar por fin y fundirme entre los brazos de mi Amo, podía imaginar la expresión de su cara, sus gestos, su mirada, observándome. Pensaba en ese momento, en que tras tantos días volvería a reunirme con Él, en un aparcamiento, para mantener la tradición morbosa de nuestra primera vez.

Había preparado algo especial, aunque el viaje era algo largo, tenía preparada la ropa que había elegido para cambiarme cuando ya me hallara cerca y  darle la sorpresa.

De pronto y casi sin ser consciente de las horas que habían pasado desde que partí, me encontraba ya muy cerca, a unos veinte minutos del lugar de encuentro, así que paré y me dispuse a prepararme para mi Señor.

En el coche, oculta por la oscuridad me quité la ropa que llevaba y me puse un sujetador negro y unas medias cortas con liga, no muy cómodas y que me apretaban un poco (por lo que no me quedaban demasiado bien para mi gusto…), pero aun así perfectas para lo que yo quería…. 

Aunque fuese  invierno, de esta manera podía, sin que se notara, ir casi desnuda, y accesible para que mi Amo pudiera disponer de mí sin tener que quitarme mucha ropa. Así pues me puse mis zapatos de tacón, mi abrigo de color rojo con talle ajustado y botones negros, me maquillé con algo de mascara en los ojos y mi carmín rojo e inicié de nuevo el tramo final de mi viaje.

Podía oír mi corazón cuando llamé a mi Amo para decirle que había llegado y temí por unos instantes que incluso Él pudiese oírlo de lo fuerte que lo notaba palpitar en mi pecho. Tardó poco en llegar pero esos minutos se me antojaron horas de lo nerviosa y anhelante que estaba.

Mi aceleración iba en aumento hasta que lo vi, acercándose a mi coche, con su corbata y su abrigo, su ropa de trabajo, desprendiendo seguridad, con paso firme. 

En el mismo instante en que se montó en mi coche, sentí pararse el tiempo, como si se me hubiera parado el corazón que momentos antes latía con fuerza, por un segundo, hasta que noté sus labios sobre los míos  y ante tan esperado beso de repente mi corazón volvió a latir con fuerza.

Días antes le había comentado que quería darle una sorpresa, al ver mi ropa, me comentó que imaginaba de qué se trataba y llevó su mano hacia mi entrepierna. 

Abrí mis rodillas para dar acceso a su mano, podía sentir la humedad en mi interior solo por estar allí con Él, y por un momento creí que ardería en combustión instantánea al ver su sonrisa y su mirada picara al comprobar que no llevaba bragas ni a penas ropa debajo de ese abrigo.

Como el lugar donde nos reunimos estaba más concurrido de lo que esperábamos,  tras preguntarme como estaba y que tal me había ido el viaje nos dirigimos cada uno en su coche hacia un lugar más tranquilo.

De repente mi pulso se volvió a acelerar, no tanto por los nervios del reencuentro sino por saber que era lo que se aproximaba…

Al llegar al lugar de destino, me besó de nuevo y tras unos minutos en los que se dedicó a observar mi cuanto menos peculiar indumentaria, me dijo: que putita es mi sumisa… 

Me preguntó qué hubiera pasado si me para la policía o algo y tengo que salir de esta guisa…. Le respondí que hubiera improvisado… pero que de hecho no se me veía nada mientras no me quitara el abrigo.

 Me sonrió y me instó a montarme con Él en su coche. Sin que me dijera nada, me desabroché el abrigo, para mostrarme a mi Amo, a la espera de que me usara, suya siempre, a pesar del tiempo que pasara o de la distancia que hubiera entre nosotros. Sin dejar de observarme, me dijo que me posara sobre sus rodillas.

Tal y como hizo la primera vez, me ofreció su mano. La agarré con mis dos manos con fuerza y la besé con devoción sin separar mis labios de ella ni siquiera en el momento en que sentí sobre mis nalgas el primer azote.

El frío hacia más intenso el dolor, pero también mis sensaciones eran mucho más intensas. El placer de sentir sus manos sobre mi cuerpo de nuevo, la sensación de volver a tener la mente en blanco, de sentir que solo existíamos mi Amo y yo, sin nada más que Él y el dolor, el tacto, el sentimiento, el placer. Quise que ese momento no acabara nunca.

Pero acabó. Retrocedí y se desabrochó el pantalón para darme el honor de poder tener de nuevo su polla en mi boca, saboreándola, lamiéndola, dándole todo el placer que pudiera dar, poniendo todo mi empezó en hacerlo disfrutar, feliz de notar mi efecto en Él, hasta que pude notar cómo se derramaba en mi boca, dándome su placer.




Continuará…


vera_de_E.