miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz Navidad!!




No hace mucho que escribo este blog, y no acostumbro a poner fotos mías, pero he pensado que es una buena ocasión para empezar a hacerlo.















Desafortunadamente debido a la distancia, paso las navidades lejos de mi Señor pero aun así, Él sigue muy presente en mis pensamientos, es por eso que he decidido hacerle este regalo y al mismo tiempo, aprovechar para felicitaros las fiestas a todos.








Mi regalo no es otro que algo que ya tenia, pero renovado.
Una Sumisa que intentará ser mas dulce y un poquito menos indómita....





Y por supuesto, estas imágenes para que no olvide que aun en la distancia, su perrita sigue siendo fiel a su Amo y lo echa de menos.










Así pues, solo me queda mandarle a mi Señor un Beso Enorme de su Sumisa que lo Adora y desearos a todos que paséis una Feliz Navidad!!








Vera_de_E.








jueves, 19 de diciembre de 2013

Con mi Dueño



Me sentía nerviosa, ansiosa como un cachorrito meneando el rabito a la espera de que jueguen con él. Me dedicaba a pulular alrededor de mi Amo, anhelante, esperando una mirada, una señal, una palabra…

Mi Señor en cambio se mostraba tranquilo, impasible observando de reojo mis movimientos y devolviéndome alguna sonrisa y algún beso que con tierna osadía me atrevía a darle.

La espera era por una razón, calmar mi ferviente y demasiado frecuente impaciencia…  Quería que me usara, ser suya de nuevo, que jugara conmigo, mas no me importaba que no lo hiciera, estaba con Él de nuevo, a su lado, sintiéndolo, tocándolo, era feliz solo con eso, solo con estar allí.

Tras mi llegada me había dado una sola orden, quedarme allí y esperar a mi Amo, una orden sencilla, una única orden para lo que iba a durar mi estancia con mi Señor, una orden que Él sabía que a la indómita que habitaba en mi iba a costarle obedecer todo el tiempo.

La espera, la dulce espera cuando se que voy a ser usada, y a su vez lo que más acrecienta mi anhelo e impaciencia.

Amanecí  feliz junto a mi Señor y me había usado el día antes tras mi llegada… pero necesitaba más, anhelaba complacerlo, entregarme a Él en cuerpo y alma como siempre, ser usada, tener la posibilidad de dar todo, de demostrarle cuanto lo adoro.

Se levantó y salió de la habitación, yo esperé, no podía hacer nada, ni pensar en nada mas, solo en mi Amo, necesitaba su presencia, sentirlo cerca de mí, empaparme de su ser hasta poder sentirlo en mi interior.

Cuando entró de nuevo, le sonreí, feliz por su regreso a pesar del poco tiempo que había durado su ausencia.Esta vez se mantuvo serio, y me instó a levantarme y arrodillarme ante Él.
Sin pensarlo así lo hice, tal como me había ordenado, con los pies y las manos cruzados y de espaldas a Él. Me dio un pequeño empujón y caí de bruces, soltando mis manos para amortiguar la caída hacia adelante, mi Señor quería mostrarme lo indefensa que estaría en esa posición.

Me ayudo a tumbarme en la cama y me tapó los ojos, mi cuerpo empezó a temblar y mi pulso a acelerarse, estaba nerviosa, anhelante y algo asustada porque sabía que iba a ir un poco más allá en esa ocasión.

Y así fue. Empezó a atarme los pies con cinta adhesiva, sin apretarme demasiado pero con firmeza, después me ató las manos y me preguntó si me apretaba mucho. Nunca antes me habían atado, empecé a hiperventilar y a ponerme cada vez más nerviosa, se acercó a mi oído y me susurró que me tranquilizara. Sentí su voz como un bálsamo, calmándome hasta el momento en que sentí que se alejaba.

De nuevo mi corazón empezó a latir con fuerza hasta que noté el primer zumbido seguido de un intenso dolor. No podía ver nada, ni saber que estaba utilizando para azotarme, solo podía sentir.

Recibí un golpe tras otro, cada vez con más intensidad, con más fuerza, hasta que de pronto  acabó y comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos. Soporté el dolor, ahogando mis gritos con la almohada, me sentía orgullosa de servir a mi Amo, de complacerlo, de que me deseara, lo adoraba, mis lágrimas eran por Él, pero no por el dolor que me infringía sino por sentirme suya, deseada, lloré porque lo amaba.

Aflojó un poco las ataduras de mis manos, me acarició la espalda y subió la mano por mi nuca hasta agarrarme del pelo, alzó un poco mi cabeza dirigiéndola hacia él y me besó. Nunca antes me sentí tan deseada, le pertenecía irrevocablemente.

Sin soltar mis ataduras ni quitarme la venda de los ojos, me dio la vuelta. Cortó las ataduras de mis pies y me ayudó a incorporarme, soltó mis manos también para después hacer que levantara los brazos hacia arriba. Rodeó mi torso con cinta adhesiva, aprisionando mis pezones con ella, luego hizo que me tumbara de nuevo, abrió mis piernas ordenándome que las mantuviera abiertas, noté sus caricias sobre mi piel sus dedos torturando mis pezones presionados por la cinta y de pronto, calor, un calor intenso, que goteaba sobre mí, la cera me quemaba pero me excitaba sobremanera, me retorcía  y me sentía cada vez mas mojada.

Quitó la cinta adhesiva de alrededor de mi torso y me abrazó. Junto a mi Señor, sintiéndolo, oyendo el latido de su corazón, con mis ojos todavía tapados lloré de nuevo. Mi cuerpo y mi Alma eran suyos y mis lágrimas también.

Me quitó el pañuelo que tapaba mis ojos, y mientras me empezaba a adaptar de nuevo a la luz, me dijo: lo has hecho muy bien. Me besó con ternura, me colocó en el centro de la cama y me folló.

Recibí a mi Amo en mi interior con tanta intensidad que mis gritos eran más fuertes incluso que al azotarme con fuerza. Estaba excitada, y exhausta a la vez, pero feliz de sentir a mi Amo dentro de mí, colmándome, haciéndome sentir deseada, tomándome mientras aun sentía el palpitar de sus azotes en mi culo, el dolor, las marcas de la cera, la presión de las ataduras en mis manos…

Sentí un orgasmo tras otro sin ser siquiera consciente de cuantos tuve antes de sentir a mi Señor derramarse dentro de mí, dándome todo su placer.


Con todo el dolor de mi corazón llegó el momento de separarme de nuevo de mi Amo e iniciar el viaje de regreso

Sin duda fueron unos días dulces e intensos, de los que aun ahora perdura en mi piel el recuerdo de mi Amo, el de sus azotes en mi culo y una pequeña marca de cera con forma de flor que acaricio todos los días recordando mi excitación y el calor de la cera,  así como también el calor de mi Amo. Su olor, sus caricias, la sensación de estar protegida entre sus brazos, de querer permanecer allí, para siempre, con mi Dueño.



vera_de_E.




lunes, 16 de diciembre de 2013

VIAJE


Tras larga espera y ya con muchísimas ganas de reencontrarme con mi Amo, inicié mi viaje. 

Podía ver el color de las hojas de los arboles, con sus tonos amarillos y marrones, colores cálidos que contrastaban en gran medida con la temperatura fría de la calle. 

Con el sol de cara, no notaba el frío, ni el calor tampoco, no sentía nada, solo la sensación de paz que me produce el sonido del motor del coche cuando sé que me esperan varios kilómetros por delante.

Cuando empezó a oscurecer, en mi interior podía notar cada vez más anhelante el deseo de llegar por fin y fundirme entre los brazos de mi Amo, podía imaginar la expresión de su cara, sus gestos, su mirada, observándome. Pensaba en ese momento, en que tras tantos días volvería a reunirme con Él, en un aparcamiento, para mantener la tradición morbosa de nuestra primera vez.

Había preparado algo especial, aunque el viaje era algo largo, tenía preparada la ropa que había elegido para cambiarme cuando ya me hallara cerca y  darle la sorpresa.

De pronto y casi sin ser consciente de las horas que habían pasado desde que partí, me encontraba ya muy cerca, a unos veinte minutos del lugar de encuentro, así que paré y me dispuse a prepararme para mi Señor.

En el coche, oculta por la oscuridad me quité la ropa que llevaba y me puse un sujetador negro y unas medias cortas con liga, no muy cómodas y que me apretaban un poco (por lo que no me quedaban demasiado bien para mi gusto…), pero aun así perfectas para lo que yo quería…. 

Aunque fuese  invierno, de esta manera podía, sin que se notara, ir casi desnuda, y accesible para que mi Amo pudiera disponer de mí sin tener que quitarme mucha ropa. Así pues me puse mis zapatos de tacón, mi abrigo de color rojo con talle ajustado y botones negros, me maquillé con algo de mascara en los ojos y mi carmín rojo e inicié de nuevo el tramo final de mi viaje.

Podía oír mi corazón cuando llamé a mi Amo para decirle que había llegado y temí por unos instantes que incluso Él pudiese oírlo de lo fuerte que lo notaba palpitar en mi pecho. Tardó poco en llegar pero esos minutos se me antojaron horas de lo nerviosa y anhelante que estaba.

Mi aceleración iba en aumento hasta que lo vi, acercándose a mi coche, con su corbata y su abrigo, su ropa de trabajo, desprendiendo seguridad, con paso firme. 

En el mismo instante en que se montó en mi coche, sentí pararse el tiempo, como si se me hubiera parado el corazón que momentos antes latía con fuerza, por un segundo, hasta que noté sus labios sobre los míos  y ante tan esperado beso de repente mi corazón volvió a latir con fuerza.

Días antes le había comentado que quería darle una sorpresa, al ver mi ropa, me comentó que imaginaba de qué se trataba y llevó su mano hacia mi entrepierna. 

Abrí mis rodillas para dar acceso a su mano, podía sentir la humedad en mi interior solo por estar allí con Él, y por un momento creí que ardería en combustión instantánea al ver su sonrisa y su mirada picara al comprobar que no llevaba bragas ni a penas ropa debajo de ese abrigo.

Como el lugar donde nos reunimos estaba más concurrido de lo que esperábamos,  tras preguntarme como estaba y que tal me había ido el viaje nos dirigimos cada uno en su coche hacia un lugar más tranquilo.

De repente mi pulso se volvió a acelerar, no tanto por los nervios del reencuentro sino por saber que era lo que se aproximaba…

Al llegar al lugar de destino, me besó de nuevo y tras unos minutos en los que se dedicó a observar mi cuanto menos peculiar indumentaria, me dijo: que putita es mi sumisa… 

Me preguntó qué hubiera pasado si me para la policía o algo y tengo que salir de esta guisa…. Le respondí que hubiera improvisado… pero que de hecho no se me veía nada mientras no me quitara el abrigo.

 Me sonrió y me instó a montarme con Él en su coche. Sin que me dijera nada, me desabroché el abrigo, para mostrarme a mi Amo, a la espera de que me usara, suya siempre, a pesar del tiempo que pasara o de la distancia que hubiera entre nosotros. Sin dejar de observarme, me dijo que me posara sobre sus rodillas.

Tal y como hizo la primera vez, me ofreció su mano. La agarré con mis dos manos con fuerza y la besé con devoción sin separar mis labios de ella ni siquiera en el momento en que sentí sobre mis nalgas el primer azote.

El frío hacia más intenso el dolor, pero también mis sensaciones eran mucho más intensas. El placer de sentir sus manos sobre mi cuerpo de nuevo, la sensación de volver a tener la mente en blanco, de sentir que solo existíamos mi Amo y yo, sin nada más que Él y el dolor, el tacto, el sentimiento, el placer. Quise que ese momento no acabara nunca.

Pero acabó. Retrocedí y se desabrochó el pantalón para darme el honor de poder tener de nuevo su polla en mi boca, saboreándola, lamiéndola, dándole todo el placer que pudiera dar, poniendo todo mi empezó en hacerlo disfrutar, feliz de notar mi efecto en Él, hasta que pude notar cómo se derramaba en mi boca, dándome su placer.




Continuará…


vera_de_E.




miércoles, 27 de noviembre de 2013

Indómita



La cálida luz de la mañana bañaba el salón mientras preparaba el desayuno para mi Amo. Me sentía bien, relajada, recordando la intensa sesión que mi Señor me regaló la noche anterior.

Mire a los ojos de mi Amo, que se hallaba sentado, tranquilo, observándome sonriente y de repente me sentí un poco traviesa...
Dejé con cuidado el desayuno sobre la mesa, me volví hacia mi Amo, le sonreí con picardía y de repente, me lancé sobre Él, poniéndome a horcajadas y rodeando su cuello con mis brazos.


Acerque mi boca a su oído, y dulce pero sensual, le susurre: "ahora, no eres mi Amo, eres mi presa". Me quedé algo tensa esperando su reacción, pues hasta ese momento, nunca antes me había atrevido a hacer algo así, ni siquiera lo había tuteado nunca, pero me miró divertido, me sonrió y me dijo "malvada", rodeando mi cintura con sus brazos.

Lo miré a los ojos y lo besé, me devolvió un beso dulce y cálido como la luz que brillaba desde la ventana, y me dispuse a sacar mi parte mas indómita ...

Lleve mis manos atrás, por donde me sujetaba y cogí sus manos entre las mías, luego las lleve sobre su cabeza, entrelazando sus dedos con los míos, mientras lamía, besaba y mordía su cuello, fui soltando sus manos y bajando las mías por sus brazos a la vez que bajaba mi boca desde su cuello a su pecho besándolo, me alcé un momento, para lamer los labios de mi Amo y besarle de forma apasionada.

Pude notar entre mis piernas, como se iba excitando cada vez más mientras volvía a su pecho, lo acaricié con mis manos, con mis labios, con mi lengua, jugué con sus pezones, mordiéndolos suavemente, lamiéndolos, mientras llevaba mi mano derecha a su entrepierna. 

Me incorporé despacio sin dejar de acariciar su polla, que se alzaba dura y exigente, y le despojé del pantalón. Me arrodillé ante mi Amo, entre sus piernas y me dispuse a darle todo el placer que pudiera ofrecerle.

Sin dejar de acariciarle con mis manos, lamí una y otra vez, lentamente, disfrutando del placer de tener la polla de mi Amo entre mis manos, la introduje en mi boca, lamiendo, succionando, presionando con mis labios y rozando con mis dientes en ocasiones con sumo cuidado, volví a lamerla, alcé la vista un momento y pude ver el placer en sus ojos.

Me alcé sin dejar de acariciar la polla de mi Señor y de nuevo me situé sobre Él, a horcajadas, introduciéndola en mi coño, tremendamente húmedo por la excitación y cabalgué sobre mi Amo mientras tomaba mis pechos entre sus manos y empezaba a jugar con mis pezones, cada vez más duros.

Estaba muy excitada, pero no quería correrme, no hasta que mi Amo lo quisiera, así que fui reduciendo la intensidad de mis movimientos, acerque mi boca a la de mi Señor, lo besé y le susurre: "he sido un poquito más indómita que dulce hoy... Pero sigo siendo suya".

Me desprendí del cálido placer que me colmaba y me alcé para posteriormente ponerme de rodillas sobre la mesa, ofreciéndole a mi Amo mi coño y mi culo, para que me tomara como Él desease.

Me sodomizó mientas azotaba mi culo con su mano desnuda, y con voz dulce pero intensa por la excitación me dijo: "córrete puta". Lleve una mano a mi coño, mientras con la otra me apoyaba para recibir sus embestidas sin perder el equilibrio, empecé a masturbarme, estimulando mi clítoris mientras mi Amo me follaba con dureza, hasta que explotamos, los dos a la vez, acompasando nuestras respiraciones y nuestro corazón que latía como uno sólo.

Salió de mi interior mientras yo me seguía estremeciendo tras el orgasmo, me ayudó a incorporarme, me besó y me acomodó entre sus brazos al tiempo que nos sentábamos, abatidos y relajados mientras la tenue luz de la mañana seguía bañando el salón y nuestros cuerpos desnudos.


Vera_de_E.




martes, 19 de noviembre de 2013

Tarde de Invierno



A los pies de mi Amo, desnuda, puedo notar como a momentos me observa por debajo de su libro, siento su placer al tenerme dispuesta en todo momento, a la espera de una simple orden suya. Contemplo las llamas y espero, oyendo únicamente el crepitar de la madera en el más absoluto silencio, tranquila por estar junto a Él, feliz por tocarlo, por sentirlo, por saberme suya.

Permanezco durante largo rato, a la espera, deseosa de que me permita acariciarlo, anhelando poder tener su polla en mi boca, poder sentir su placer cálido derramándose en ella. Mas debo ser paciente, pues se que eso es lo que mi Amo desea de mi en este momento.

Con total tranquilidad, mi Amo, deja su libro a un lado y se incorpora frente a mí. Sin mediar palabra, me toma del cuello y me insta a levantarme, para después, aun con su mano acariciando mi cuello, besarme intensamente. No necesito palabra alguna para saber qué es lo que desea de mí, así que me limito a seguirle hasta la habitación. Antes de entrar en ella, me ordena que me arrodille y espere en la puerta hasta que Él me permita entrar.

Tras unos minutos, en los que debido a la intriga la espera me resulta eterna, mi Amo sale de la habitación, me toma de la mano, me levanto y entro tras él. Noto el calor de las velas, y puedo ver su luz brillando sobre mi piel desnuda, iluminándome tenuemente. Inconscientemente, y debido a mi excitación, aprieto un poco la mano de mi Amo, y él con cariño lleva la mía a su boca y la besa tiernamente.

Sobre la cama hay dos paquetes, dos cajas de cartón de color burdeos con adornos plateados. Mi Amo me hace sentarme en el borde de la cama y me explica que uno de los paquetes es para mí, el otro, aunque también debo abrirlo yo, será para él.

Me deja elegir el orden en el que abrir los paquetes, y decido abrir primero el suyo. Al abrirlo, descubro un látigo de colas, de color negro, lo toco y puedo notar su suavidad entre mis dedos, por un momento pienso que… parece imposible que con ese tacto tan suave ese accesorio pueda llegar a provocarme dolor en las manos de mi Amo.

Absorta con lo que acababa de descubrir, no me había percatado de que mi Amo me estaba mirando fijamente y me sonreía, levanté la vista, y al mirarlo, no pude más que arrodillarme a sus pies y ofrecerle el látigo a la vez que bajaba de nuevo la vista hacia abajo. Mi Señor toma el látigo de entre mis manos, lo deja sobre la cama, y me coge de los brazos para que vuelva a sentarme en la cama y abra el otro paquete.

Al abrirlo, descubro un pañuelo de seda negro, casi transparente, cubriendo algo que parece brillar por debajo de él. Al levantar el pañuelo, y ver lo que había debajo, alzo la mirada hacia mi Amo, excitada pero intrigada a la vez,  pues lo que acababa de ver eran unos grilletes, y una cadena brillante con un mosquetón en uno de los eslabones del centro. Mi Amo, me coge de la barbilla y me dirige la cabeza con sus dedos hacia un punto en el techo, en la esquina de la habitación. Allí puedo ver entonces lo que hasta ese momento no había visto, del techo sobresalía una pieza metálica como una especie de argolla.

Es en ese momento cuando puedo imaginar perfectamente para que sirve, y por si albergaba alguna duda, la sonrisa de mi Amo y sus ojos de deseo me hacen ver  con total claridad para que es todo aquello.  Al darme cuenta, inmediatamente puedo notar como  mi excitación aumenta, y me siento cada vez más y más húmeda. Cojo los grilletes atados ya a la cadena y me los sujeto a las muñecas, para posteriormente ofrecerle la cadena y mis manos a mi Señor, que me mira con satisfacción aun sin decir nada.

Toma mis manos con suavidad y las examina para asegurarse de que los grilletes no me aprietan demasiado, se acerca a mi oído y dulcemente me susurra  “te deseo”. Después coge el mosquetón atado a las cadenas y me dirige hacia la esquina de la habitación, justo debajo de la argolla.

Ata el mosquetón a la argolla y baja rozándome con sumo cuidado, por las muñecas, los brazos, acariciándome hasta llegar a mi cintura, donde me sujeta, me aprieta contra él y me pregunta si recuerdo la palabra de seguridad, asiento, “si Amo”  y me besa justo después de oír mis palabras.

Se dirige hacia la cama, y coge el pañuelo de seda que sigue sobre ella, vuelve hacia mi y me lo ata de manera que no puedo ver nada, solo sentir su cercanía, su calor y sus caricias en mi mejilla al retirar sus manos después de atarme el pañuelo a los ojos y besármelos uno tras otro por encima de él
.
Puedo sentir como se aleja de mí, dejándome indefensa, atada, con los brazos por encima de mi cabeza, sintiendo el frio y la ansiedad tras su momentáneo abandono. Mas no tarda en volver, noto que me roza algo suave, en los labios, el cuello, los pezones, el estomago, hasta llegar al interior de mis muslos y rozar suavemente mi clítoris ahora tremendamente húmedo por la excitación.

Noto de nuevo como se aleja de mí, y puedo oír un pequeño chasquido. Inmediatamente siento como ese chasquido, estalla contra mi piel, varias veces, en mis pechos, primero suave, luego cada vez más fuerte, variando de intensidad, bajando a mi estomago, a mis muslos, hasta que de repente, golpea en mi coño rozándome con suavidad el clítoris y provocándome un fuerte grito de dolor y de placer a la vez, noto las colas del látigo, una a una como rozan mi coño, una y otra vez, siento como estallan en él provocándome un fuerte dolor y el mayor placer que había sentido jamás.

De pronto, los golpes cesan, desolado por el abandono, mi cuerpo tiembla como una hoja a causa de las sensaciones, de la excitación, y siento que si no estuviera atada al techo me desplomaría en cualquier momento.

Mi Señor se acerca a mí, me besa en los labios con mucha suavidad y con sus manos desata el pañuelo de mis ojos. Mientras recupero la visión puedo ir visualizando la imagen de mi Amo, con esa mirada tan intensa, esa mirada de placer absoluto que me hace sentir orgullosa de haberle complacido.
Se acerca a mi oído y me susurra bellas palabras de aliento mientras me libera de las cadenas que me sostienen y que  ya empiezan a entumecer mis brazos.

Aunque intento por todos los medios que mis piernas soporten el peso de mi cuerpo, no lo consigo, me desplomo en los brazos de mi Amo temblando todavía. Me lleva hasta la cama y me arropa tiernamente, se desnuda, se mete en la cama conmigo y me abraza.



Es en ese mismo momento cuando me siento tocar el cielo, orgullosa de servirle, feliz de sentirlo conmigo. Me aferro a los brazos de mi Amo y no puedo evitar derramar algunas lágrimas, por sentirme tan dichosa, por sentirme completa, por sentirme suya.


vera_de_E.







miércoles, 13 de noviembre de 2013

La Dulce Espera



La Dulce Espera, la siempre mentada. Tan dulce por sentir como crece en ti el anhelo de volver a ser suya, de volver a sentirlo junto a ti, y a su vez, en ocasiones, tan amarga como la hace esa terrible incertidumbre de no saber si volverás a estar con Él, con el que siempre sientes en tu interior, aquel al que sabes que perteneces a pesar del tiempo y la distancia.

Su recuerdo me acompaña a cada momento, deseando verme a sus pies, pudiendo servirle y complacerle. Sintiéndome suya a la espera de volver a estar entre sus brazos sintiendo su calor, o en sus manos, a merced del dolor que me regala torturándome, el mismo dolor que me libera y me hace ser quien quiero ser.

Ansiosa espero la llegada de la noche, para recibir sus palabras, a veces el sonido de su voz que tanto extraño, y en ocasiones el privilegio de ser usada por mi Dueño, a pesar de las dificultades que la distancia conlleva.

Ese anhelado momento del día que tanto tarda en llegar, ese en el que las horas se tornan segundos y que finaliza con un beso, dulce al venir de mi Amo pero a su vez terriblemente amargo por saber a despedida.

Tras él me acurruco en la cama, aferrándome al collar que me regaló como recuerdo para que no lo olvidara (sin saber en ese momento que aunque quisiera no podría), intentando sentir su calor que con el tiempo se vuelve cada vez mas frió y sintiendo como de mis ojos brotan unas pocas lagrimas por sentir ese enorme vacío en mi interior, ese dolor que siento y por el que gritaría misericordia, el único dolor que ahora siento que no puedo soportar, el que habita en el interior de mi alma por su ausencia.

Y junto con ese momento de desesperanza, llega el miedo, ese miedo de no volver a sentir sus manos cerniéndose sobre mi cuerpo, a que no vuelva a poseerme, a que el tiempo y la distancia sea más fuerte que el deseo que siente por mí. En ese breve momento en que mi seguridad se rompe y me deja expuesta, surgen mis dudas y mis temores, dudo de ser la sumisa que mi Amo merece y temo no ser capaz de serlo algún día.


Así pues, mis sueños y pensamientos se tornar esclavos de La Dulce Espera, girando a su alrededor hasta el momento en que realmente pueda saborear su dulzor, ese momento en que divise algo de luz, en el que sepa cuándo llegará el día en que pueda estar de nuevo a los pies de mi Amo.


vera_de_E.



viernes, 8 de noviembre de 2013

Khaleesi


Debo decirle, Mi Sol y mis estrellas, que quisiera....

Ser como el viento que fluye a su alrededor, y a su vez la fiel esclava que se arrodilla ante su Amo, ansiosa, a la espera de un gesto, una palabra, una orden, cualquier cosa para poder servirle y complacerle.

Con la cabeza alta de orgullo pero la mirada baja por respeto a mi dueño, dulce e indómita.

En la intimidad.... la que reciba su dulzura y su dureza, el dolor profundo convertido en el mas absoluto placer.
La que luzca orgullosa, aunque en el más íntimo secreto, esas marcas sobre mi piel, regalo de mi Amo, recuerdo del momento más intenso, ese en el que le pertenezco más que nunca y en el que me usa, como a su bien mas preciado,ese momento que guardamos en lo mas profundo de nuestro interior y que es sólo nuestro.

La que gime con sus caricias tanto como con sus azotes, y grita de placer, el placer de someterse a su Amo, de sentir el dolor en su piel mientras observa en los ojos de su Señor el deseo, el propio placer, el amor que siente al recibir la entrega más absoluta y pura.

Quisiera ser en la intimidad, su esclava, su perra obediente, su bien más preciado al que usar a placer, su puta abnegada y siempre dispuesta a complacerle.

Fuera de la intimidad.... puede que algún día, la que lo acompañe en su camino, lo comprenda, lo apoye, quien comparta su vida y haga de ud gran parte de la mía, quien viva a su lado sus mejores momentos y lo respalde en los peores.
La que pueda junto a ud. reír, llorar, vivir, sentir, amar y ser amada. La que sea capaz de dirigir a su lado una vida compartida, como su amiga, su compañera, Su Todo.

Quisiera ser en la intimidad la mejor sumisa, su esclava, su sierva, la que más lo adora Mi Sol y mis estrellas... Y fuera de ella, quisiera ser su Khaleesi, la Luna de su vida.


vera_de_E.






sábado, 26 de octubre de 2013

Los Primeros Azotes. Regalo de mi Amo



Poco después de mi primera sesión le escribí a mi Amo un relato de lo que había sido para mi esa primera vez. Asimismo y como respuesta, mi Amo me regaló este escrito que hoy comparto con su beneplácito de lo que fue su propia visión de ese momento tan especial.

Los primeros azotes

Durante semanas estuve forjando en la distancia el espíritu de vera hasta donde 
es posible. Golpeaba por un lado y otro buscando fallos e imperfecciones. Si bien como era de esperar al tratarse de un ser humano y ademas novata en la materia las imperfecciones se rebelaban ante mi con facilidad. Sin embargo por encima de todo ello era fácilmente detectable un raudal de pasión que a pesar de saber lo mucho que costaría encauzar prometía ser de lo mas provechoso una vez logrado. Tal y como la definí con acierto estaba ante una novata dulce e indómita a partes iguales. 
Se trataba de una candidata deseosa de agradar y encontrar al amo idóneo según los estándares que se había fijado. Educada y dulce si...pero no por ello de débil carácter ni dispuesta a entregarse al primero que pasara.
A las asperezas y debilidades propias de todo buen acero por forjar y pulir había que sumar un problema añadido...la distancia. Ya que varios cientos de kilómetros nos separan cuando menos de momento. 
 A pesar de todo cada día estaba mas interesado en ella y sus circunstancias y como buen amo durante semanas intente enterarme de cuando menos sus principales rasgos y su biografía previa para valorar de forma mas ecuánime que tenia entre manos y si merecía la pena entregar mi tiempo a este proyecto o seria una perdida total de algo tan efímero como son nuestros días.

Diose la circunstancia afortunada de que por vacaciones me traslade como suelo en Septiembre a una zona relativamente cercana a la suya lo cual facilitaba enormemente el cada vez mas anhelado encuentro físico.

De hecho ella desde que se entero de mi cercanía ( tarde en darle noticia de cuan cerca estaba unos días ) mostró un claro interés por sentir mis manos sobre su cuerpo.
 Yo deje pasar los días para dejarle claro que tan solo dependía de mi y de mi voluntad si tal encuentro tendría lugar o no. Podía sentir como su inquietud se acrecentaba día a día no sin punto de irritación ya que como le había manifestado en mas de una ocasión no era su cometido decidir si ocurriría o no y menos donde y cuando (quizás algunos y alguna os sorprendáis de mis infulas ya que en este momento yo o tenia derecho alguno sobre ella. Por eso os recuerdo que ya había manifestado sus deseos con antelación)

Lo que estaba usando es el mismo sistema que use con mi perra cuadrupeda Freya. Quien en su excitación y alborozo cuando la adopte y la sacaba a pasear llegaba a ser francamente molesta por su tamaño (se trata de una mezcla de Husky y Mastín) así que lo que hacia era mantener la calma sin abrir la puerta a la espera de que se calmase y solo entonces le daba suelta. Como digo aplique el mismo sistema a mi perra bípeda y cuando creí llegado el momento fije la fecha que me pareció mas conveniente así como la hora que estime mas oportuna teniendo en cuenta que era ella quien debía de viajar.

Una vez fijada la fecha,esperaba con interés el día D (en este caso no solo de day sino de Dominación .
Esperaba no estar equivocado respecto a ella. Y tenia la firme determinación de golpear el hierro desde el comienzo siempre y cuando estuviera caliente.

Por fin llego el momento. Para ello había escogido un parking absolutamente desierto ya que mis intenciones requerían tal soledad desde el primer instante

Deje pasar el tiempo oportunamente para hacer saber a la candidata a sumisa quien se debe a quien. Imagine los nervios que debía de sentir en su vehículo con el corazón dando un salto según caían los minutos, preguntándose si estaba haciendo bien y que diantres pasaba que aun no estaba ahí.

No quise hacerme de rogar demasiado así que a los pocos minutos la llame por teléfono para calmar su inquietud y asegurarme de que ya había llegado al punto de encuentro que distaba unos pocos minutos de donde me encontraba.
No la deje sola desde ese momento hasta que horas después nos separamos.

Con el manos libres de mi vehículo conectado consciente del nerviosismo que delataba su voz le di conversación intrascendente muy consciente de que al igual que yo no podía apartar el pensamiento de lo que se aproximaba.

Al fin llegue al punto convenido y aparque a su vera (lo siento no podía resistirme ante este pequeño juego de palabras) nos observamos unos segundos a través de los cristales mientras nos saludábamos.

Tras unos instantes de valoración de la situación (diose la casualidad de que pasaban algunas personas justo por detrás) le ordene que viniera a mi auto. Ella ejecuto mi petición sin vacilación alguna exterior si bien me figuro que la procesión estaba por dentro.

Se sentó a mi diestra y la bese. Tras eso supe que era mía. 
Le ordene que separara las piernas para comprobar personalmente que había seguido mis instrucciones al respecto de no llevar bragas. Ella rápidamente las separo para dejarse inspeccionar. Introduje mis manos bajo su vestido y acariciando de forma muy leve sus muslos me dirigí implacable hacia mi objetivo. Con un par de mis dedos separe sus labios para descubrir que como imaginaba la putita estaba muy mojada,acompañando este gesto un gemido proveniente de sus labios me confirmo en que las cosas marchaban como esperaba.

Sin mas dilación me decidí a pasar a mayores e inspeccionar la mercancía que se me ofrecía así como su consistencia.

Le ordene que pasara conmigo al asiento de atrás

Una vez allí le pedí que se pusiera sobre mis rodillas. Sin un titubeo procedió a ello reptando de manera insinuante sobre mi no en vano fue una serpiente la culpable de la perdición de los hijos de Eva.

Cuando por fin dejo su culo sobre mis rodillas le ofrecí mi mano izquierda y le ordene tomarla. Quería que supiera que estaba con ella no solo como verdugo sino también como apoyo.
Ella se aferro a mi mano cual naufrago a una tabla en un mar bravío.

Supe que había llegado el momento de la verdad.
Con mi mano libre descubrí sus nalgas. Blancas, tersas, prometedoras, vírgenes ante el castigo que se aproximaba.Para esta primera vez decidí usar el contacto mas personal es decir el de mi propia piel. Comencé por acariciar sus nalgas al igual que el ultimo tercio de su columna y de vez en cuando la cara interna de sus muslos de forma distraída.

Podía sentir su respiración, podía oírla físicamente. En esa postura, desvalida, entregada a mi voluntad, temerosa a la par que ansiosa ante algo desconocido pero largamente anhelado.

Decidí no alargar mas la espera y tras unos minutos ejecute mi voluntad sobre esas nalgas que se me ofrecían. Descargue la primera palmada sobre la nalga derecha y a continuación la acaricie. Pude sentir como se combaba todo su cuerpo a la par que aferraba con fuerza mis manos. Lo mismo ocurrió sobre la izquierda y fui alternando azotes de una a otra incrementando la potencia de las descargas.

En esta primera ocasión no era mi deseo dejar marcas perdurables. Tan solo ver enrojecer ese culo hasta ahora virgen y hacerle sentir el calor y esa mezcla de dolor y placer que toda buena sumisa debe sentir en el ejercicio de su deber a la hora de satisfacer a un amo.

La azote a placer durante unos minutos que por la intensidad del momento bien valieron por horas. De cuando en cuando deslizaba mi mano en dirección a su coño para regodearme en comprobar lo empapado que estaba.

Cuando me pareció suficiente para un primer contacto le ordene se diera la vuelta. Una vez la tuve sobre mi comencé a jugar con sus pechos y sus pezones siendo cada vez mas rudo con ellos. De vez en cuando mordisqueaba su cuello. En un determinado momento deje de acariciar la cara interna de sus muslos evitando cuidadosamente ese coño que podía sentir palpitar de deseo para por fin aliviar su necesidad.

Separe sus ya bien dispuestos labios con mi mano y di con su dilatado clítoris con facilidad. Comencé a masturbarla a la par que torturaba sus pezones con mi otra mano. Ella respondió mojándose aun mas y moviéndose presa de gran excitación.

Podía sentir su endurecido clítoris palpitar mientras lo frotaba contra su pelvis. El orgasmo llego rápidamente, arqueo su cuerpo como solo una mujer sabe hacerlo cuando siente el éxtasis dentro de ella acompañado de esos pequeños espasmos incontrolables que las sacuden.

Tras el orgasmo acaricie a mi puta felicitándola por lo caliente que me había puesto así como por su desempeño en general. Tras unos minutos de relajación para que disfrutara y asumiera lo sucedido. Le ordene que me sacara la polla del pantalón y me hiciera la mejor mamada de su vida. Se entrego a ello con entusiasmo no exento de un vasto conocimiento en la materia. Su lengua recorrió mi polla de arriba abajo deleitándose en mi prepucio. Poco después me besaba los testículos y los masajeaba mientras se introducía mi polla en la boca.


De esta manera y con la excitación previa al final llegamos al inevitable desenlace.
Yo la había advertido de que debía tragarse hasta la ultima gota de la leche del amo. No podía desperdiciar nada . Ya que para una buena sumisa se trata del liquido mas precioso existente. Y por tanto debía no ya tragar sino saborear y deleitarse en las mieles de su triunfo. Por fin llego el momento final y en efecto no me defraudo en este ultimo paso. Tras eyacular en su boca relamió todo mi pene buscando hasta la ultima gota de mi semen saboreandolo. En ese momento yo ya era consciente de que me encontraba sin duda ante un diamante en bruto que valía la pena tallar. 

Los días siguientes en que me entrego su culo y su coño para finalmente ofrecerme su alma me convencieron de que no estaba equivocado. Soy consciente de que todo fue muy precipitado pero ¿En este mundo nuestro no marcamos cada cual nuestras propias normas? En cualquier caso pasaran los años y los decenios pero no olvidare nunca la tarde en que el las nalgas de vera fueron mías por vez primera.



Domine Estilicón.


viernes, 25 de octubre de 2013

Libertad

Hace algún tiempo leí una frase que me gustó mucho, decía: “Dame alas para volar y motivos para quedarme…”. De esta frase yo haría mi particular versión añadiendo “que yo misma pondré una cadena alrededor de mi cuello y te la entregaré.”

Eso es exactamente lo que hace mi Amo, darme alas, y motivos para quedarme. 

Me alienta haciéndome crecer cada día un poquito más como sumisa y como persona, haciendo que tenga esperanza,  que sea fuerte y paciente (aunque esto último le cuesta un poquito más…).

 Y no solo me da alas, también me impulsa para que pueda emprender el vuelo y me asegura que estará ahí para cogerme si caigo.

Ese es el motivo por el que deseo entregarle el extremo de esa cadena que rodea mi cuello, que me posea y me dirija, deseo hacerle sabedor de que a pesar de la distancia que ahora nos separa, es mi dueño y le soy fiel, pero también sé, que no necesito decírselo para que lo sepa.

Aunque sé que es algo pronto para poder saber si puedo, nada desearía más que ofrecerle mi libertad, ser su esclava. Vivir con él el dolor, el placer, enfrentarme de nuevo al amor que tanto daño me ha causado y al que temo, ofrecerme total y plenamente en cuerpo y alma, para siempre.

Mi Amo es el que me motiva día a día para que siga siendo quien soy, quien debo ser, pero no solo para él, sino también y principalmente para mí. Es quien un día me dio la libertad de poder ser yo misma, a quien se la debo y a quien la quiero entregar.


La libertad es algo tan complejo que en ocasiones es exactamente privándote de ella cuando más libre te sientes. 


vera_de_E




jueves, 24 de octubre de 2013

CHOCOLATE






CHOCOLATE


Esa noche estaba cocinando para mi Amo, vestida solo con una sencilla camiseta de tiras, me esmeraba para que todo saliera perfecto y fuera de su agrado.

De pronto vino hacia a mí, creí que para ver qué era lo que estaba haciendo, pues también es aficionado a la cocina. Se acercó a mi oído rodeando con su brazo mi cintura “deja eso ahora”, me dijo. 
Le obedecí de inmediato, apagué el fuego y aparté lo que estaba haciendo hasta ese momento.

Me besó con tanta intensidad que si hubiera tenido algo en las manos de seguro se me habría caído sin siquiera darme cuenta, me cogió sin apartar sus labios de los míos, luego me apoyó sobre la mesa, boca abajo, con sumo cuidado. 

Pude ver por el rabillo del ojo como se acomodaba tras de mí, sentado en una silla. Acarició mis nalgas, con la misma ternura de siempre y después de pasar sus dedos por mi coño totalmente húmedo ya por la excitación, comenzó a azotarme, una y otra vez, y otra, perdí la cuenta y también la noción del tiempo, hasta que me levantó de la mesa y me besó.

Luego me cogió entre sus brazos y me sentó sobre la mesa.

Hasta ese mismo instante no me había percatado de que en las manos llevaba un pañuelo, mi pañuelo, el que siempre usaba para taparme los ojos cuando quería privarme temporalmente de ese sentido. 

Me lo acercó y lo ató fuertemente, dejándome inmersa en la más absoluta oscuridad.

Pudieron pasar varios minutos, pero la excitación que acrecentaba en mi interior hizo que ni siquiera fuera realmente consciente de cuánto tiempo pasó exactamente antes de volver a notar las manos de mi Amo sobre mí. 


Me sujetó de las muñecas y noté como me abrochaba algo en ellas, como unas correas de cuero, me recostó sobre la mesa y llevó mis manos por encima de mi cabeza hasta sujetarlas cada una a un lado, abiertas, como si las estuviera atando a cada una de las patas de la mesa, bajó sus manos rozando despacio por mis brazos, acariciando suavemente mi cuello, mis pechos, presionando mis pezones, primero suave, luego cada vez más fuerte, empecé a sentir dolor y a su vez una excitación que me hacía notar mi entrepierna cada vez mas y mas mojada, sin verlo, podía notar cómo se sonreía, ya que era totalmente consciente de mi cada vez más creciente excitación.

Cuando hubo torturado mis pezones a placer, los soltó dejándolos de pronto sintiendo un total desamparo al no tener sus manos presionándolos de esa forma que tanto le gusta y que a mi tanto me excita. 


Siguió su recorrido hacia abajo, acariciando con el calor de sus manos mi estomago, volteando mi ombligo, hasta llegar a mi monte de Venus. 
Pude notar con total desolación como pasaba de largo esa zona que tanto anhelaba sus caricias, latente  mojada, deseando ser rozada siquiera por las yemas de los dedos de su Amo, recorriéndola por la parte exterior hasta llegar a mis muslos, sentía que mi cuerpo ardía, que podía explotar en cualquier momento, pero mi Amo siguió bajando hasta llegar a mis tobillos, los que sujetó uno a uno con sendas correas similares a las que asían mis muñecas, dejándome así, con brazos y piernas, atadas en cruz sobre la mesa.

Dejó de nuevo pasar unos minutos que bien podían haber sido horas, debido a la intensidad y la excitación con que estaba viviendo esa experiencia nueva para mí, cuando empecé a sentir un olor que me era familiar, dulce, intenso, un olor que me era inconfundible, era chocolate.


Podía notarlo , de la misma forma que si lo hubiera tenido en la boca y lo estuviera saboreando, toda la habitación estaba impregnada de ese dulce e intenso olor, que si bien no podía ver de donde procedía, lo cierto es que me excitaba muchísimo más aún.



De pronto, noté sobre mi pecho un calor, me quemaba, era una sensación como de cera caliente, pero mucho más liquido, pues podía notar como resbalaba por mi cuerpo, esa misma sensación fue recorriendo distintas partes de mi cuerpo, mi cuello, mi estomago, mi ombligo mis muslos, fui aguantando la respiración por momentos según notaba que ese liquido me quemaba, dolía pero a su vez me excitaba sobremanera, respiraba con fuerza, en algunas ocasiones no podía evitar soltar algún gemido el cual provocaba que ese dulce suplicio se detuviera por unos instantes, pero no fue hasta el momento en que ese liquido ardiente, rozó mi clítoris, cuando no lo pude evitar, sin darme siquiera cuenta, gritaba, de dolor, de excitación, de placer, mi cuerpo se retorcía bajo el calor intenso de ese liquido ardiente que olía como el más dulce oro negro azteca.

Unos segundos después, pude notar los dedos de mi Amo acariciando mi boca con ternura, me besó, y de nuevo se acercó a mi oído para susurrarme “te has portado muy bien putita mía, ahora vas a correrte”, al tiempo que introducía algo frio y sabroso en mi boca, era una fresa, repitió la acción un par de veces más, una con sus dedos y otra ofreciéndome la fresa con su propia boca, pues pude notar la suavidad de sus labios cuando me la ofrecía.


Luego me quitó el pañuelo para que pudiera ver.

La visión que se mostró ante mi era realmente espectacular, yo, sobre la mesa, atada de pies y manos, y totalmente cubierta de chocolate. 


Miré a mi Amo y él me sonrió, me besó una última vez y vi como se alejaba de mi boca para adentrarse en el espacio que había entre mis piernas totalmente abiertas.

Pude notar su lengua, fría aun por las fresas, adentrándose en mi interior, lamiendo todo el chocolate que anteriormente había vertido en mi coño ahora cubierto de una capa liquida y dulce. 


Rozó mi clítoris, y se adentró en mí de una forma que en pocos segundos no pude más que explotar de placer.


Mi Amo desabrocho las correas de mis manos, me incorporó con cuidado y después de besarme de nuevo, me desabrochó también las de los pies, no pude resistir la tentación de pasar un dedo por mis pechos y lamer el chocolate que quedó impregnado en el. 

Mi Amo al verme, me sonrió y me dijo, “ahora todavía eres más dulce, zorrita”, me ayudó a levantarme de la mesa y me acompañó al baño.

Me lavó, mientras me observaba como el objeto de su deseo y después me acostó, caí en brazos de Morfeo a los pocos minutos, rodeada por el calor y los acogedores brazos de mi Amo. 



vera_de_E